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DIAZ-FERNANDEZ

Foto del escritor: Llopis Ivorra-AgustinDiaz
Llopis Ivorra-AgustinDiaz
29 ago
19 min de lectura

                        Familia Díaz - Fernández

 

                   Huertas de Ánimas (Trujillo)

 

Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra.

 

Los primeros asentamientos ya le vienen de antiguo, quizás del siglo XII, más del siglo XIII, y quizás fuera de origen moro los primeros pobladores, se encontraron restos mozárabes en el paraje conocido como La Mora y en sus alrededores. La Mora está situada entre vías pecuarias o caminos rurales tales como: la cañada real De la Plata, y en 1822 marcó un hito en su historia al declarase población autónoma de Trujillo.

También el siglo XV trajo sus noticias a las Huertas, y es que en los prados de Santa Catalina, levantaron su convento unos freiles dominicos, allá por el año de 1466, que al parecer y según quien lo cuente, dieron al pueblo un profundo sentido religioso.

Y poco a poco el arrabal de las Huertas de Ánimas, se fue poblando y extendiendo su territorio, Pago de San Clemente, Valfermoso, Mimbreras, otros pobladores se fueron asentando por la Lancha Nueva, por la de Arriba, ya por el Altozano, o por el Manzanillo, algunos más por el Resbaladero.

Y llegando a 1808, se tienen noticias de la llegada de gente buscando buya a las Huertas de Ánimas, estos eran gente de armas del gran invasor Napoleón que, enterados de la desbastación que estos hijos de la “gran Francia” dejaban a su paso, empezaron a llegar comentarios, que las malas noticias vuelan a la velocidad de la luz, de que en el pueblo de Hoyos, torturaron y asesinaron al Obispo Álvarez de Castro, hombre este, ya muy anciano y enfermo, motivos, haber escrito encíclicas en contra del invasor, o como dijo algún despistado, al tener miedo a este apellido por lo que el General Gobernador Álvarez de Castro les hizo penar en Gerona, sin que les uniera parentesco  ninguno, fueron cuales fueran los motivos, el caso es que al saber que se dirigían dirección Trujillo, el personal se acojonó, y los Huerteños que pudieron, cogieron lo que todo lo que podían cargar y corrieron a esconderse, por el rio Almonte y el sitio  llamado el Tozo, sitios estos de difícil acceso, y los que no tuvieron más remedio que quedarse en el pueblo, sufrieron vejaciones, saqueos, violaciones, etcétera, en las que esta turba de hijos de putas iban sembrado el terror a su paso.

 

Pero en realidad este no es mi pueblo de nacimiento, no, aunque todos mis ancestros, ya sean por parte de padre como de madre, si tienen su origen en este pueblo, yo, por aquellas circunstancias de la vida, llegue al mundo un 8 de diciembre de cuyo año es mejor no acordarse, decía que en Calzadilla fue mi nacimiento lugar este donde la señora Juana la “Pichaca” dijo ahí queda eso, y fui bautizado un 24 de diciembre, en la iglesia del mismo pueblo, y a lo que se ve los protagonistas del bautizo con excepción del recién nacido, llegaron pasados de copas, tanto padre, Agustin “Botines” como padrino Isaías, el herrero,  y por no ser menos también  el cura, cuyo nombre hace cuanto a, se fue al olvido, pero si recuerdo que, cuando lo conocí tenía dos hijos mayores en edad que yo, llevaban una semana de festejos, bailes fuegos artificiales, y según cuenta la crónica de la época, se cayeron en una zanja con la barriga bien repleta de vino, motivo por el cual se presentaron a la ceremonia como tres ecce homos, pero esto, esto es otra historia, yo pretendía hablar de las Huertas de Ánimas, y con el debido respeto de mi familia.

Y ahora, cuando aún perfuma el recuerdo de mis ancestros, y antes de que la parca venga a contarme su triste poema, antes de que todo se lo lleve al olvido, quiero imaginar que:

Mis padres, terminada la guerra en 1940, se casaron y casi al compás salieron del pueblo con lo puesto, para no volver jamás a sentarse en las Huertas de Ánimas. Y a mi apenas me alcanza el recuerdo de algún verano, siendo chiquino, pasar algunos días en ca la abuela Antonia, creo recordar que en una finca donde el abuelo Andrés trabajaba, o en la casa de la Lancha, en las Huertas, y algún día suelto en las fiestas y alguna visita de domingo y poco más, visitas estas que se iban espaciando en el tiempo hasta guardarlas en el rincón del olvido, pero quiero pensar en aquellas Huertas de Ánimas, e imagino que pasaría:

Ahora que todo se deja a mejor pasar, yo que viajo tan solo con la imaginación, que ni a los viajes del Imserso llego, ahora que las nieblas en las madrugadas de insomnios las confundo con atardeceres de primavera, quiero imaginar a esos paisanos bajando al baile, a esos locales que se dedicaba a escuelas los días de diario y los fines de semana para bailes, y ya los vemos llegando a los bullarengues del Lili, o al del tío Nino, ¡Mi jaca galopa y corta el viento! Suena, la acordeón y la caja de percusión, para alegrar las tardes, aunque solo sea por un rato, que la semana ha sido dura para esos paisanos que con sus trajes de domingo apuran el día de asueto, que mañana ya vendrán los quebraderos de cabeza de como seguir adelante, echando una peonada, cuando las hoy donde echarlas, o siendo hombre del pan del señorito de la finca, o ganándose el jornal cuando hay jornal que ganar, pero eso será mañana hoy es día feriado, y por un rato dejan en el olvido sus miserias de buena gente trabajadora, de Canteros, obreros, zapateros, alarifes, apicultores, lecheros, agricultores, ganaderos, pelaores, segadores etcétera.

Ya vemos a Agustin “Botines” y a Juana la “Pichaca”, entrando en el baile de la Cazuela que era el local de los deseherados de la tierra, la gente de bien bailaba en el del “Capao”, o en el de la Manzana, lo mismo se hacía en el baile de Juan Roque, o en el del Lagartija, y porque no en el del tío Blas, o en el Casino.

¡ ya no te puedo querer, apártate de mi pensamiento, sigue el del acordeón alegrando a los paisanos con otro pasodoble!

También como no, llego el cine, Jima, era su nombre que en 1953 hizo su estreno con la película “lo que el Viento se Llevó”, y pasado el tiempo se abrió el Ruggal, este local tenía un pequeño ambigú, regentado por Pedro Marchena donde entretener con un refrigerio los descansos, y para estar informados las noticias las voceaba el semanario “la Muralla”

Ya vemos, salir un momento del baile, a tomar el fresco, fumarse un cigarrillo Caldo de Gallina, o de trasegar unos chatos de vino en la taberna de Tío Fandio, o de la viuda Juriche, yo más bien voy a la del tío Calcetines, o la de Largartijo, mejor vino tiene la taberna del tío Pata, o el tío Maleta, o en la de Bidón y en el casino que regenta Adolfo Muñoz. Para después del refrigerio volver al baile, que los 50 céntimos de la entrada hay que amortizarlos, 50 céntimos que pagan los paisanos las paisanas entran de gratis, ¡si quieres que yo te dé, lo que no te pudo dar, el cordón de mi corpiño mi niño, atacan el pasodoble los músicos, mientras las parejas danzan por el salón.

¡Tiene un pañuelo, la novia de reverte tiene un pañuelo!

Pero antes de esto:

Ya en 1908, hubo un sucedido que marcaría el ambiente político social de las huertas, y esto fue la creación de la Casa del Pueblo, que sería un referente de la clase trabajadora.

Si te ponías malito, había casi de todo en la botica de doña María, en la calle Manzanillo, o si te gustaban más el “Okal” de don Antonio García, tenías que ir al lugar conocido como Llano de la Botica. En 1922 ya se veía correr por las calles de las huertas, el primer automóvil, cosa esta señal de progreso, era un modelo de la marca Usón, al que cuidaba con esmero Luciano Pablos, que a la sazón era su propietario, más tarde llegaría el auto que era conocido como la “Tartana”.

Según el cronista, el Concejo en pleno estuvo en contra de la instalación en las Huertas de un cuartelillo de la Guardia Civil, y en pleno, denegaron cubrir los gastos de este edificio, agua, luz, teléfono mantenimiento etcétera, y tanga fue la negación que tuvo que intervenir para su implantación en el pueblo, el Comandante en Jefe de la Guardia Civil de la provincia cacerense, el cronista cuenta que se instaló el cuartel, pero que no hay de noticias de quien corría con los gastos, el pueblo no.

Y es que el motivo de esta negación, era que, siendo un pueblo de idea izquierdistas, veían a la benemérita como centro de represión, dentro del ambiente político-social predominante en las Huertas de Ánimas, es más teniendo la Casa del Pueblo, como centro de las organizaciones de la izquierda, donde se prestaban libros, se organizaban debates, etcétera, y se reunían una vez al mes,  dentro de esta casa del Pueblo, tenían sede las Juventudes socialistas, presididos por Vicente Risco,  la Agrupación Socialista, que contaba con 50 afiliados y cuyo presidente era Rafael Bermudo, también tenía su despacho el Sindicato Agricola y la asociación obrera La Esperanza, con Manuel Risco de Presidente, otra asociación del ramo de la Construcción, El Progreso Agrícola, Sociedad Obrera la Progresiva.

y creo haber leído por alguna parte que, esta asociación fue la encargada de elevar la Casa del Pueblo, esto da una idea de la organización que tenía el pueblo y en especial la clase obrera, y como cosa lógica era motivo para no querer tener a la Benemerita dando vueltas por el pueblo, por supuesto todo esto desapareció aquel maldito julio de 1936. el ayuntamiento, la parroquia, la guardia civil y la casa del pueblo. se movían en tomo a un pensamiento concre­to, el marxismo, misión principal la de educar con esos ideales cada uno a sus adeptos. Quizá fuera esto el fruto de este ambiente al vez, o que las cosas ya estaban así planificadas, lo cierto es que en Huertas de Ánimas se refuerza la seguridad y el orden público, ya existía cuartel de la Guardia Civil y el famoso Cuarto de Corrección. Ahora el alcalde autoriza en el Pleno que se alquile una casa o local que sirva de verdadero centro policial y así nació lo que llegó a ser la terrorífica Inspección de Policía de La Plaza. Según algún censo, se habla de 6000 habitantes en aquellos años, y digo yo que sería época de más esplendor en cuanto a número de vecinos.

En Huertas de Ánimas, el día 2 de agosto de 1936, empezaron a llegar las primeras noticias de la incursión de las milicias por el sur de la provincia cacerense, ocupando algunos pueblos, y una socialista, mujer muy bragada, fogueada en muchos en mítines, de nombre Ana Bravo Palacios, daba información al vecindario del sucedido, arengándolos a no tener miedos a las posibles represalias, y que saliesen a recibir y vitorear las milicias que estaban prontas allegar a Trujillo, al grito de no pasaran, pero al poco empezaron a correr voces de que en el pueblo de Villamesias, los llamados nacionales habían arrasados a las tropas republicanas, de momento el ambiente de miedos y crispación corrió por las calles de las Huertas.

¡Yo me subí a un pino verde, por ver si lo divisaba!

Y al final llego el final, y pasaron, y sembraron cuarenta años de oscuridad.

Y pasaron, vamos que si pasaron, y ya los tenemos en las Huertas de Ánimas, a las putas tropas franquistas, y a los falangistas y a la puta que los parió, y ya vemos metido en una jaula, como si de una alimaña se tratara, y en medio de la calle al paisano Tomas “El Cojo”, recibiendo escupitajos y todas clases de vejaciones, obligando al vecindario a pasar por su lado, insultarle y arrojarle basura, y según nos cuenta el cronistas con los represores riéndose de la situación, y jactándose del sufrimiento ajeno.

Es curioso cuando menos, si miramos los datos en Trujillo, hubo apenas media docena de víctimas de las represalias, mientras que en las Huertas de Ánimas hay datos de que fueron hasta dos docenas los represaliados.

Una de las familias más castigadas fue la Curiel-Vizcaino, y quizás fuera la que más sufriera la represión de las Huertas, y es que durante los enfrentamientos del día 18 del mes de julio en la localidad, José Curiel, y como represaliados, Juan y Manuel y Manuel Curiel padre de esta familia y junto al vecino y que fuera presidente de las Juventudes Socialistas Moisés Hueso, fueron víctimas de las sacas de madrugada, y en las camionetas llamada “basura” por los fascistas, les dieron paseíllo hasta el puente llamado del Cardenal, sobre el rio Tajo, en la carretera de Trujillo a Plasencia, donde fueron fusilados. Otros represaliados de la misma familia fueron Pedro y Crispín Corales Bravo, tío y sobrino a la sazón, estos fueron fusilados en la finca tierras del Conde.

A otros que les dieron el paseíllo, fueron Agustin Margallo, Manuel “tarama”, Manuel Rojo, Elías Pablos, Antonio Corrales y Francisco romero, fusilados en el sitio Cerro Blanco.

Palizas, vejaciones, torturas,  peladas al rape, aceite de ricino, paseos por las calles del pueblo en pelotas, para que todos los vecinos se rieran viéndolas desnudas, remozadas en sus propias defecaciones, a Agustin “Botines”, los putos fascistas y su puta madre, lo esperaron un anochecer y escondidos en la penumbra le sacaron la corbata, de color rojo, que llevaba aquel día, no sé si tenía otra, la cortaron en trocitos y se la hicieron tragar, al menos tuvieron esa deferencia aquellas alimañas, la de cortarlas en trocitos, que también pudieron hacérsela tragar entera, ya que eran los putos amos del terror, motivos, quizás el ser el encargado de tocar la corneta anunciando los días de mítines en el pueblo, o porque que les salió de los huevos, que estos putos locos, llenas las pellicas de aguardientes, estaban sedientos de maldad, haciendo el trabajo al amo, deseoso de eliminar todo el que se atrevía hacerle sombra o a protestarle su supremacía, caciques y lo que es peor, agradadores de caciques, 

 

La Señora Juana

Yo la conocí viviendo en el Llopis Ivorra la señora Juana la llamaban, o la señora Juana la mujer del “Capatraz”, en aquellos turbios años de su deambular de pueblo en pueblo de caseta de caminero en caseta de caminero de obras de carreteras a otras obras de carreteras por toda la geografía Cacereña. La señora Juana así la conocían.

Nació por San Blas del 1915 en el seno de una familia apegada al yugo y al arado, una de tantas  familias desheredadas de todo porque ya les venía de cuna, campesinos sin tierras, sin vidas sin pasado y sin porvenir, donde el futuro era cuestión del acaso, del día a día sin pretensiones del mañana de aquella época de tinieblas, pero ¿para cuando corrieron buenos tiempos  para la gente humilde?, pobres que solo tenían su pobreza, y su decencia, hombres y mujeres con la piel curtida como el cuero y de arrugas como el cartón tostado y apergaminado por  abandonado al sol de la extremaura , o a las inclemencias del tiempo, con  arrugas de gentes  sin edad sin tiempo, atemporales, trabajadores de la tierra de sol a sol, de caminar encogidos con las cabezas bajas por miedo a levantarla y encontrarse con la mirada del amo, encerrados con miedos dentro de otros miedos sin atreverse a mirar al horizonte, solo al suelo para no ofender al recoger con la modestia del que solo engendra miserias el mendrugo del pan duro ¡ claro si no, no sería mendrugo! para la magra pitanza diaria y como salario a falta de un jornal habitual por peonadas cuando las había o al amo le apetecía.

De una de estas familias de las muchas repartidas por toda la patria chica y en un arrabal de Trujillo, Las Huertas de Ánimas llegó a este mundo de crueldad e hipocresía, siendo la mayor de otros 7 que vinieron detrás de ella, (de ahí debe de venir el dicho de que tiene más hijos que un pobre) la niña a la que pusieron de nombre Juana y sin saber cómo,  la niñez se le fue en un suspiro, dando comienzo su vida laboral a los 7 años, a la edad que los demás niños juegan o van a la escuela a ella su madre la puso a servir para ayudar a aumentar la fortuna familiar la madre la colocó en casa de unos señoritos  de aquellos de dinero antiguo que, cuando al menos le daban de comer porque en el trato entraba una peseta al mes y la comida, comida que la mayoría de los días eran las sobras de los amos y algún caramelo chupado del señorito ¡la comida cuando la había y el sueldo nunca lo vio porque a eso de la mitad del mes ya había pasado su madre a cobrar el jornal!

Al igual que se le fue la niñez no pudo disfrutar de la juventud sin darse cuenta se la llevó la época en un ir y venir primero con la dictadura de Primo de Rivera y después con la llegada de la II república llegaron los mítines sin que a ella le importara no tenía tiempo, siempre trabajando y tratando de conseguir el duro al que siempre le faltaba una perra gorda para entrar en el baile con su novio de toda la vida, novio huérfano y tan pobre como ella pero con un poco más de cultura por que pudo asistir a la escuela a la señora Juana el trajín de la vida no le dejó tiempo para aprender ni a escribir, es más los mítines le daban miedo era más bien agobio de tanta gente reunida lo que le valió por parte de uno y otro el calificativo de la cáscara amarga, por lo que la miraban con animadversión  y vio y sintió como a muchas conocidas las raparon y las pasearon desnudas por el pueblo el comando de falangista que lo tomaron, que aunque rendido y desarmado ellos no dejaron de vengarse de los vencidos,  de humillarlos, de odios, de envidias y de rencores, así entre susto y susto la alegría de la  juventud  se la llevó una maldita guerra.

Justo de terminada la contienda se casó con aquel novio huérfano y tan pobre como ella en aquel siniestro, de miserias  y de hambruna de 1940, hambriento de sangre vencida y venganza y miseria para los vencidos de una puta guerra en la que ellos no la engendraron, ni quisieron participar, pero como en una partida de ajedrez, era peones, peones para sacrificar en tierra de sacrificio, salieron de la huertas, cargados con los puesto empezaron su deambular por casetas de camineros en casetas de camineros con sus miedos metidos en el alma, con  temor a lo conocido y pavor a lo desconocido. Pronto empezaron a llegar los hijos hasta cinco por la orografía cacereña, años de sustos de noches en vela de sacrificios estrecheces y silencios donde siempre faltaba la perra gorda para llegar al duro a la señora Juana, la señora Juana la mujer del “Capatraz”

Zorita, Cañamero, Valencia de Alcántara, Membrio, Salorino, La Jarilla, Calzadilla.

En cada localidad, amistades, escuela para los hijos, y de vuelta a empezar.

Contaba que en el pueblo de Zorita, ese pueblo que se encuentra en las faldas de las elevaciones de la Sierra de Alia y de Gudalupe, allá por donde el Vaquero Gil Cordero, vecino de Cáceres y domiciliado en la calle Caleros, dio en encontrar la efigie de la Virgen de Guadalupe, y propició el espectáculo de la resurrección de su propio hijo, ¡el del vaquero, no el de la virgen!,  en ese pueblo antes citado de Zorita , todos los días, después del rezo del ángelus, y a la hora que a los pucheros les faltaba el ultimo hervor para estar lista la  comida, aparecía el Parroco del pueblo, por casa de la señora Juana, con o sin  ninguna excusa, a la hora que se estaban poniendo los manteles, se sentaba en una silla de enea, junto al hogar encendido, debajo de donde se curaba la matanza, y con los jugos gástricos alborotados por  los olores, se dedicaba sin disimulo ninguno y con un bastoncillo, a levantar las tapas de los pucheros, y tratando de averiguar que es lo que olía tan sabroso, con la esperanza que un sitio y un plato en la mesa llevara el nombre del Mosén, de siempre hubo curas que se aprovechan de los más humildes, de siempre la iglesia a atemorizó a los más desvalidos ¡de siempre la señora Juana tuvo muy buena mano con la cocina!

 

Más los tiempos cambiaban, día tras día, mes a mes. año tras año, y viendo que no era fácil el caminar con la prole por estas tierras olvidabas por todos y de todos y no recordadas por nadie decidieron aposentarse en Cáceres y hacia 1960 cayeron con lo poco que había almacenado en el trasiego de aquellos años de nómada, en el incipiente barrio del carneril, que corriendo los años más tarde se convertiría en el populoso barrio de Llopis Ivorra.

 Y allí la señora Juana por primera vez desde aquel lejano 1940 que partió de su pueblo con lo puesto y unas vivencias trágicas se asentó en un piso de su propiedad, costó bastante para aquellos años, 12.500 de aquellas pesetas de entrada y 250 al mes, pero al fin algo de su propiedad, y por eso o por la tranquilad de tener un cobijo fijo o por cuestión de que la vida era de aquella manera en  aquellos años nació su último hijo, más bien una  hija que hacia la número cinco, a la par que su primera nieta contaba por aquel entonces la señora Juana con 47 años.

 

Murió con la vista agotada, sin vida la misma que había visto mucho, más de lo que nadie quiere ver, había visto hambre, pobreza, maldad, malos tiempos, otros buenos también, o quizá porque para lo que había que ver mejor no mirar, aunque fueran con unos ojos sin chispas, se fue apenas pasados cuarenta días después  de que le dijera adiós su novio de toda la vida, aquel huérfano más pobre que ella a los 90 años, en silencio sin una queja ni un reproche y sin enterarse de que se iba, todo ocurrió una mañana recién levantada decidió irse a buscar su niñez perdida.

 

El Señor Agustin.

 Huertas de Ánimas (Trujillo) Julio de 1936

 

Quizás diera comienzo por su inclinación hacia los partidos de izquierdas, quizás fuera por llamar a asamblea con una corneta, corneta esta que usaba para avisar del peligro de barreno a punto de explosionar, la misma con la que avisaba a los mítines de aquel Partido de los Socialistas de entonces, no sé si mejor o peor que los de ahora, pero si que eran socialistas de corazón y de ideología, no dispersos y tibios  como los que vemos paseando por nuestras calles, en nuestros televisores en el salón de nuestra casa, y en la prensa diaria que más parecen busca comederos que estar en la lucha por el bien común, quizás y solo quizás, lo empezarían a tener por sospechoso en aquel noviembre de 1933, primera de las elecciones democráticas donde las mujeres tuvieron derecho al voto, y aquel muchacho de pelo rizado, apenas un mozo con diecinueve años, se le empezó a mirar mal, por sus inclinaciones políticas, en este país de maldad, en esta madre patria que solo parió bastardos, donde los obreros aborrecen a los obreros, donde los pobres odian a los pobres, donde los ricos se hacen cada vez más ricos gracias a los odios de esos obreros y a esas luchas de pobres contra pobres, de hambre contra hambre, pobre España, que la que la pasean de boca en boca y se arropan en su bandera, son los que la están esquilmado, Esta España, con sus señoritos, y sus caciques, que jamás se fueron de la Extremadura, que se refugiaron en  los partidos y que poco a poco vuelven a aflorar, con sus caras blanqueadas de democracia, y a la mínima te sueltan un golpe de mano, a sus propios compañeros de partido.

¿Nació en las Huertas de Ánimas, por el día de San Juan Climaco, corría el año de 1913, el mismo día quedo huérfano de madre, junto con dos hermanos mayores más, al poco, Petra, la tía Petra, se hizo cargo de su custodia y educación, soltera, la tía Petra estaba soltera, lo mismo fue causa de la crianza de sus sobrinos, ¿quién lo sabe? Le enseñó leer y a escribir con matemáticas por añadidura, que con el correr de los años, le sirvió para ganarse el sustento con su sudor honrado.

Llegó con tres heridas:la de amor,la de muerte,la de la vida.

Más una noche mediados el mes de julio de aquel maldito año 1936, y ya cuando soplaban vientos de guerra, volviendo de casa de la novia, una cuadrilla de aquellos valientes falangistas del Café (Camaradas Arriba Falange Española) a aquel joven, apenas un mozo que andaba por su pueblo sin saber que le había pillado una guerra, por estar enfilado, o por llevar una corbata roja, o colorada, que yo no sé distinguir los colores, aquella noche de estío, le pillaron en emboscada le cortaron la corbata a trocitos se la hicieron tragar en medio de chanzas e insultos.

represaliaron y nada más ,junto con unos cuantos  paisanos, entonces no interesaba averiguarlo, y creo que ahora tampoco interesa a nadie ni saber dónde están enterrados y quienes eran los asesinos, a pesar de una ley de memoria histórica que estos demócratas se la pasan por los huevos.Hubo que echarse al monte, no quedaba otra para salvar el pellejo, hasta que se aplacara la barbarie, de los sembradores del terror de los mal nacidos falangistas y guardias civiles afines, a los montes de Alía o Guadalupe con los maquis, y dejar pasar el tiempo, para que la fiera se aplacara. Mientras en el pueblo unos cuantos familiares o conocidos fueron detenidos, maltratados, salvajemente torturados, sacados al amanecer para el paseíllo y simular fusilamientos varias veces, para volverlos locos,  las mujeres peladas al cero, les daban aceite de ricino y las paseaban desnuda por el pueblo , obligando al resto del pueblo a presenciarlo, para mayor vergüenza de la víctima y de los mismos paisanos que impotentes asistían con resignación a aquel sin sentido, como escarmiento, decían los hijos de puta, tan católicos ellos que incluso contaban con la bendición de la iglesia, esa misma iglesia que vive y muy bien de nuestros impuestos, de los impuestos de los hijos de aquellos de los que fueron cómplices de asesinato, a los que  no les quitaron solo la vida, les quitaron más mucho más , les quitaron  la dignidad les hicieron desaparecer como personas, tanto que hasta les hicieron desaparecer la documentación en los archivos como si nunca hubieran existido ,fueron alimañas hasta para negarles el certificado de defunción  a aquellas mujeres que iban buscando a maridos, padre e hijos  que ellos asesinaron, corrían malos tiempos, estábamos en la época del miedo, miedo a los vecinos por si te delataban aunque fuera sin motivos, miedo a hablar, miedo a callar, a la bulla, al silencio, pero lo peor era a las noches, más concretamente miedos a la madrugada. Es paradójico la gente que ha vivido y tenido como vecinos de la misma calle e incluso en la puerta de enfrente de los asesinos de los suyos durante muchos años y no haya pasado nada de nada., al igual que consentimos que el dictador muriera en su cama de viejo y también con la paradoja rodeado de los padres de los que ahora nos gobiernan, de los que se llaman padres de la patria.

Con tres heridas viene:la de la vida,la del amor,la de la muerte.

Así empezó otro suplicio.Viviendo de casetas de camineros en casetas de camineros, en un rincón con una manta colgada a modo de puerta y pared con la mujer y los pocos enseres que se tenían, sin poder apenas entrar en los pueblos por donde se trabajaba, la guardia civil no se lo permitía, solo para contratar a los hombres para el trabajo, y como siempre no a los que se quería si no a los que el jefecillo local del movimiento decía, y no siempre a los mejores trabajadores de la localidad.

Con tres heridas yo

La de la vida

La de la muerte

La del amor.

Transcurrían los años y horas de las tabernas trasegando vino con los que contrataba ajustando precios de los machacadores de almendrilla o el de las bestias de carga, trajinando con bidones de alquitrán, y  vino en la taberna de la “Colora” para contentar a los jornaleros cuando no llegaba el dinero del jornal  y al final llego el final, ya  eran las consecuencias del Alzheimer, y así se fue apagando un buen hombre, al que creo que jamás hizo daño a nadie, al que el tiempo y las circunstancias le obligaron a llevar una vida que él no quería ni para él ni para nadie de eso estoy seguro, jamás se quejó de ser lo que fue y de hacer lo que hizo en este mundo, poco a poco se fue apagando hasta que se fue el mismo día, paradojas de la vida  que nació, noventa y dos años después, dejó a su compañera de toda la vida, aunque no por demasiado tiempo, la señora Juana, de la familia “Pichaque” fue a reunirse con Agustín “Botines” poco más de un mes después, tras 65 años de casados.

¡Que la tierra os sea leve!

Dice un proverbio popular:

"No muere quien se va, solo muere quien se olvida".

(Fuentes E.Curiel-Huertas)

(Fuentes Psoe-Extremadura)

 

 

 

Agustin Díaz Fernández

 

 

 

 

 

 
 
 

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