EN LA TABERNA DE LA COLORA
- Llopis Ivorra-AgustinDiaz

- hace 7 días
- 6 Min. de lectura
EN LA TABERNA DE LA COLORA
Una historia de ayer en nuestra España.
Julio de 1936
Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra
Hace algunos años, muchos, lo conocí, andaba de vuelta de muchas cosas, en realidad de casi todas, no sé si venia o iba de unos de sus paseos acostumbrados, entró más que nada por ponerse a cubierto de un chaparrón de aquella tarde primavera, que le dejó su chaqueta y pantalones de pana empapado de agua, la gorra y los botines de muchos usos apenas si tapaban algo, la piel acartonada de las muchas horas pasadas al sol de esta tierra de la Extremaura, ya cansada, vieja, olvidada de todo el mal que el maligno en forma de golpe de estado había sembrado en su territorio, en aquellos terribles cuarenta años, el diablo acampó a sus anchas por esta sufrida tierra, ya olvidados aquello intrépidos conquistadores que unos con mejor suerte que otros y en tierra de secano se embarcaron para la conquista del nuevo mundo, y que de toda la riqueza que agenciaron poco o nada llegó a esta tierra sufrida, bueno lo mismo ahora con esa Central Nuclear de las que todos hablan y de donde el dinero sale para el País Vasco, y aquí nos dejan con un ora pronobis, y nos dejan la contaminación.
lo peor que ahora en la actualidad, en el siglo XXI, y terminado el año de 2025, con una democracia volvemos a votar al fascismo, me duele esta Extremadura, con todo lo que asesinaron, y resulta que aquellos hijos de los asesinados ahora los elijen para que los representen, un ateo como yo, estoy a punto de hacer un peregrinaje a cualquier ermita de la muchas existentes para que nos sea leve lo que esta gentuza nos pueda traer, herederos de aquellos señoritos falangistas, actuales señoritos también metidos en política, porque la política como el papel todo lo aguanta, aguanta tanto que hasta los fascistas como antaño están ocupando poltronas en las instituciones.
El hombre en cuestión, repartió la mirada por el local al hacer su entrada en el, por costumbre supongo, por captar el ambiente de los parroquianos, hombres taciturnos callados en su mayoría rumiando sus soledades y oliendo a tiempos pasados no por eso mejores, trasegando vino de medio pasar, si había habido suerte y echado alguna peonado o del malo y al fiado las más de las veces, el corro de mirones detrás de la mesa donde se juegan la convidada a las cartas al subastado, 110, 114 tengo yo, cerrado, los mirones se callan, y como mucho sacan tabaco, o la mesa del domino con su clan, clan, clan pito doble y cierro, o sonido del clon, clon .clon, clin de los tejos al encontrar la boca de la rana, aquí una conversaciones media voz con la vista repartida aunque se sabían entre gente amiga, pero por el acaso de que aquella conversación entrara en terreno comanche, que también hijos de puta los hay entre gente pobre, en un receptor de radio en la sección de discos dedicados el pasodoble suspiro de España, en el ambiente, humo de tabaco de liar, seguramente Caldo de Gallina, que llenaba el local de humo que se acumulaba como de niebla espesa, olor a vino agrio, a sudor honrado, a hombres de otros tiempos.
Tomó asiento en la mesa que yo ocupaba, después de saludar afectuoso y pedir permiso, algo cansado se le notaba, quizás de la carga de la mochila que desde hacía tantos años llevaba en sus espaldas, y sediento, ojos acuosos y mirada perdida al infinito, a lo vivido o lo hace mucho olvidado o dejado al olvido, en cualquier rincón de la mente, por querer recordar más que nada, tras un rato de silencios solo roto por los jugadores de las mesas vecinas y de echar otro tiento al clarete me conto su historia, entre humos de cigarros de picadura, compartimos una botella de vino. Estamos en el barrio del Carneril, en la taberna de la Eugenia “La Colora”
Veras me dijo, yo nací en el año 13 en 1.913 claro está, en una familia de pobres, tan pobres que no tenían ni apellidos propios, padre y madre por igual, trabajadores del campo, por lo que el amo le quisiera dar si es que encontraban amo a quien servir, eran de aquellos llamados hombres del amo, que se les decían de pan del amo, que, con tal de darles de comer, aunque fuera poco y mal y un jergón en cualquier rincón de una estancia fría e insalubre estaba todo arreglado, un mendrugo y ningún jornal, nunca tuvieron nada y cuando tuvieron un poco de tierra no la pudieron cultivar, porque les sirvió para enterrarlos.
Menor de tres hermanos, desde muy pequeñitos quedaron sin sus progenitores, primero padre, a la poquito madre en el cementerio de cualquier pueblo de la sierra de los Ibores, anduvieron con la caridad hasta que una tía soltera o posiblemente por eso se hizo cargo de las tres criaturas, para que por lo menos tuvieran donde recogerse cuando venían los fríos, los sacó hacia adelante con la venta de café a granel, un poquito de oro viejo, sabanas y mantas y la venta de tabaco para liar traído sabe dios como de Portugal, del estraperlo, y se empeñó en que aprendieran por los menos lo más esencial, leer escribir y cuatro números, para sacar algo de provecho a la vida si es que se podía, y así pasaron los años en su pueblo natal de las Huertas de Trujillo.
Aquel maldito mes de Julio, aunque se escuchaban ruidos de sables, el personal andaba cada uno a los suyo, yo, me dijo, andaba calibrando los metros de piedra alquitrán y echando cuenta de la pólvora con la que cebar cada barreno que había que colocar para aplanar la zona de carretera construir, cuadrando números para presupuestar la obra, por que que el si había aprovechado los desvelos de su tía Flores, que así se llamaba la buena mujer ya finada muchos años atrás.
Sucedió que, cuando al dejar a la novia en su casa y marchar para la suya, aquel anochecido le pillo una guerra, y se le pillo en forma de cura, que a la escondida en un enorme alcornoque que había en la plaza Chica, aunque él no era practicante si apreciado en general por su generosidad, le dio a en tender que se fuera, que no pasara de allí que en la otra plazuela por donde tenía que pasar sin remedio para ir a su casa le estaban esperando una cuadrilla de aquellos asesinos falangistas para detenerlo,¿ por qué ¿ no lo entendía ni entonces ni ahora, el solo se dedicaba a su trabajo, a vivir como se podía como la vida le dejara, y con planes de casamiento con su novia de toda la vida, lo mismo era por eso, por envidias mal entendidas , por hacer bien con los más menesterosos no lo entendía entonces y sigue sin entenderlo.
Días antes, el 19 de aquel maldito mes de julio del trágico año de 1936, una partida de hijos de la gran puta asesinos falangistas, de otro pueblo cercano claro, los del pueblo no tenían huevos nada más que para denunciar por envidias a los paisanos, le vieron venir o ir, hacia sus qué haceres, tarde de baile, el con sus mejores galas, chaqueta fina y corbata de color rojo, estos asesinos le pararon y arrancándole la corbata a tirones, la corbata en trocitos, hicieron que se La tragara.
. salió con lo puesto aquella noche, en buscar refugio donde le dejaran y pronto se vio en las sierras de Guadalupe-Alias con el maquis, donde estuvo de monte en monte durante un corto periodo de tiempo, en el monte se enteró de los paseos de las sacas de madrugada , del aceite de ricino , de los cortes del pelo al cero, de las palizas de las humillaciones en público, de vecinos que jamás volverían a serlo por culpa de otros vecinos que tuvieron que tragar hasta que murieron de viejos, de los que hicieron desaparecer y jamás encontrados, de la maldad humana que había visitado España para quedarse más de cuarenta años para escribir como les dio la gana una triste historia de este país por que ganaron una puta guerra.
Corría Agosto del 1.937 cuando un bando indultaba al que no tuviera mancha de sangre, fue destinado al frente de Valladolid cuando ya no había frente que defender ni frente que atacar, tenía 26 años había perdido tres años de vida y la juventud, parece mentira me decía, que en esos tres años tantos y tantos perdieron la juventud salieron de casa unos niños para regresar unos ancianos, más sumisos si cabe aún, derrotados todos , porque todos fueron los perdedores y regreso a las Huertas de Ánimas a casarse con su novia, sin dinero, sin trabajo, sin alegrías, casi sin presente y casi sin futuro, tan solo poseía el documento que lo identificaba como desafecto al régimen.
En los pueblos de la Extremaura, solo quedaron viejos, para enterrar a los jóvenes, dijo levantándose de la silla que ocupaba para pedir otra convidá a la tabernera Eugenia, en la Taberna de la Colora

,
Agustín Díaz Fernández





Comentarios