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LA CASA DE LA CHICUELA-CÁCERES

  • Foto del escritor: Llopis Ivorra-AgustinDiaz
    Llopis Ivorra-AgustinDiaz
  • hace 4 horas
  • 5 Min. de lectura

                               CASA DE LA CHICUELA

                                            

                                          Cáceres

Crónica desde la Ronda de la Pizarra

Casa de la Chicuela.

 

Casa de carácter modernista construido en 1927, por el arquitecto municipal Ángel Pérez. Se encuentra situado en el número 2 de la calle comandante Sánchez Herrero esquina con la calle San Antón. Cabe destacar sus miradores de hierro y cristal.

La proyectó el reconocido arquitecto Ángel Pérez y era una auténtica Edificio joya, con un torreón hecho a base de azulejos tornasolados y especialísimos traídos desde la Cartuja de Sevilla, azulejos tan hermosos que cuando el sol se reflejaba en ellos te deslumbraban por su intenso brillo. La casa tenía una única puerta que comunicaba con un zaguán vestido con otros tantos azulejos azul cobalto en los que se representaban cientos de angelitos.

La Chicuela, la casa, se distribuía en tres plantas. En la primera o principal vivía la familia, tenía un despacho con muebles negros tallados con la figura de El Quijote y una enorme alfombra curtida con la piel de un caballo. El salón, de impresionantes dimensiones, daba paso a una galería circular que todo el mundo comparaba con un taxi porque cada vez que te asomabas al mirador desde sus ventanas contemplabas en toda su extensión el Paseo de Cánovas, con su ir y venir de gentes y vehículos que recorrían de un lado a otro el bello Ensanche cacereño. Disponía también de un hall con platos de cerámica colocados en forma de abanico, todos adquiridos durante la posguerra.

 los dormitorios, las habitaciones del servicio, el cuarto para jugar, la suite con baño incorporado, el comedor de diario, otro baño, y la enorme cocina, con una puerta que a través de unas escaleras comunicaba con el patio del estanco anexo a la casa y a la segunda planta, utilizada también como residencia de la familia. La tercera planta se alquiló a Bonifacio Avila.

La cerrajería, el enrejado, los mármoles. todo en La Chicuela era de extraordinaria belleza.

Todo empezó cuando Juan Pérez Pérez, natural de Valdefuentes (Cáceres), y de profesión Guardia Civil, y que terminando el siglo XIX se le veía patrullando las calles y caminos de la ciudad de Sevilla, y que en uno de esto servicios conoció a una guapa muchacha natural del barrio de Triana y que atendía por el nombre de Esperanza Vera Ruiz, con la que contrajo matrimonio.

Al poco y sin saber los motivos, el cronista no los cuenta, Juan Pérez, decidió abandonar el benemérito cuerpo, y asentarse en la villa cacerense.

Fue Juan Pérez, empresario, gerente del parador del Carmen, donde tenía sus entradas y salidas los autobuses de línea, y según cuentan tenía olfato fino para los negocios, donde en los ratos libres que su empleo le dejaba, lo dedicó a la compra y venta de solares por toda la ciudad, y como no, también invirtió su tiempo y dineros a la promoción de viviendas.

Levantó su casa primitiva en la Avenida Virgen de la Montaña, la que lleva el número cinco en su fachada, edificio de tres plantas, que en la primera se asentó el matrimonio y sus hijos que por entonces ya andaba por cuatro, la segunda planta la alquilaron como vivienda y la tercera planta fue donde se instaló una pensión, conocida como Gertrudis que tal era su nombre.

Resulta que Esperanza Vera, señora a la sazón  de Juan Pérez, siempre mantuvo el contacto con su familia sevillana, donde mantenía un interés especial y gran cariño sobre uno de sus sobrinos que con cinco años quedo huérfano y que llevaba por nombre Manuel Jiménez Moreno, y que cuyo padre fue Manuel Jiménez Vera, de profesión torero, si es que esa es una profesión, y conocido en el mundillo de los toros y por la afición como Chicuelo I, que corriendo el año de 1907 murió de tuberculosis, a la edad de 28 años.

Pasaron los años, y aquel chiquillo huérfano, Manuel Jiménez Moreno le llamo la afición, y quiso ser torero, y como era natural en los carteles figuraba su nombre como Chicuelo II.

Corrían los años 20, 1920, y ya figuraba entre los primeros del escalafón, la historia de la tauromaquia lo conocería como el inventor de la Chicuelina, en la villa cacerense formo parte en los carteles de 1921, 1923, 1925, 1926, y 1938.

Entonces ocurría que cada vez que ponían sus nombres en los carteles para los festejos taurinos de Cáceres, el maestro paraba como era natural en casa de sus tíos, donde con el roce cogió amistad grande con una de sus primas, las más pequeñas del matrimonio Pérez-Vera.

Era esta chiquilla guapa entre las guapas, y daban razón por María Pérez Vera y como ya se dijo era la más pequeña de la prole del antiguo Guardia Civil. Y según cuentan en los mentideros cacerenses, la amistad, la complicidad, y el cariño demostrado el uno por el otro, dio paso a las habladurías de amoríos prohibidos al ser primos hermanos.

Ya en 1927, Juan Peréz había adquirido la parcela de la esquina de la calle San Antón con comandante Sánchez Herrero, y le encarga al arquitecto municipal Ángel Pérez que levante en estos terrenos lo que sería su nueva casa familiar, modernista.

Y aquí es donde los desocupados de la villa, y en los mentideros, se hicieron eco de las habladurías de que entre el torero y María algo por narices debia de ocurrir, ella joven y guapa, el joven y famoso, pues ya está, aquí hay faena se decían unos a otros, que si los veían por tal y cual sitio, que si amarraditos los dos que si se hacían arrumacos, ustedes ya me entienden, como si quisieran pelar la pava no tuvieran sitios donde pasar desapercibidos, pero al personal de por estas tierras gusta de meter las cabras en corral ajeno, y uno, quizás el más enterado, el más atareado en hablar de la vida ajena  fue el que decidió que la casa se llamaría de la Chicuela y punto, que aquí en Cáceres ya de antiguo somos muy dados de poner motes a todo, a todos y a todas, y así fue la casa bautizada por los siglos de los siglos.

La Chicuela tenía un descapotable rojo cereza, regalo de Juan Pérez, su padre, cada vez que Chicuelo toreaba, María cogía el coche, montaba a sus hermanas en el asiento trasero y en el del copiloto extendía un mantón de Manila. Cuando cruzaba la calle de Barrio Nuevo la gente ya la esperaba asomada a los balcones para verla pasar porque aquella mujer, de pelo negro azabache que era, sin duda, un espectáculo.

Chicuelo era por entonces famosísimo, y seguían los mentideros dando tres cuartos al pregonero, hasta que dijeron que tuvo que olvidar aquel amor prohibido y se casó con Dora La Cordobesita, una conocida cupletista, pero la casa, la casa se quedó como de la Chicuela.

De estos amoríos entre la guapa María y el torero Chicuelo II, pasado los años, una de las hijas de María los negó rotundamente, solo era complicidad entre dos jóvenes primos hermanos.

Y ya estamos en el año de 1978, uyy como pasa el tiempo, y en el agosto, cuando más aprieta el calor que solo se escucha el canto de la chicharra en las tardes de estío, una constructora de cuyo nombre no quiero acordarme, se hace con la casa para su derribo y futura construcción de pisos de lujos, el pueblo que es sabio opuso, se hicieron manifestaciones incluso se llego a invadir el palacete con la autorización de las autoridades competentes, hubo muchas discusiones entre la constructora y los que nos que se oponían al derribo, se creó comisión ciudadana tratando de proteger la casa de la Chicuela, y cuenta la crónica que hasta el ministerio de cultura se posiciono en contra del derribo,, hasta que el Tribunal Supremo, que para eso manda mucho, dio la razón a la constructora y en el año de 1984 se procedió al derribo de la Casa de la Chicuela.

(Fuente Periódico Extremadura)

(Fuente Diario Hoy)

 

Fotografia J,Guerrero

Agustín Díaz Fernández

 

 

 

         

 

 

 
 
 

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