top of page

DOS ESCUDOS

  • Foto del escritor: Llopis Ivorra-AgustinDiaz
    Llopis Ivorra-AgustinDiaz
  • hace 3 días
  • 7 Min. de lectura

                                 LOS DOS ESCUDOS

                               Casa Fuerte del Sol            

                                       Cáceres

Crónica desde la Ronda de la Pizarra         

 

     Si nos adentramos en la cerca amurallada por el romano de la ciudad de Cáceres, la Norba Caesarina del romano, o la Hins Qazrix que la llamó el moro, vemos y nos deleitamos al paso, con innumerables palacios y casas fuertes, todos ellos magníficos de estructuras e impresionantes a la vista, que te hacen, al poco que tengas pelín de imaginación y breve conocimiento de la historia medieval, tener una idea de que lo que tuvo que ser aquella villa cacerenses de los siglos XV y XVI, y como es natural las buenas gentes del pueblo, se la ingeniaron para colocar a cada casa su historia y sus chascarrillos, que aun en algunas rondando la certidumbre otras, la mayoría son productos de la imaginación de gente ociosa, historias o tradiciones que se iban contando de oca en boca y de generación en generación, y cada una ellas le iba añadiendo su hipérbole,  y como no podía ser de otra manera la casa del Sol, tambien tiene la suya, mejor dichos sus historias, que al menos son tres, dos que aquí traemos y la de doña Maria Manuela de Ovando y Ribadeneria, que por la desdichas  que pasó la muchacha, mereció un capítulo aparte, más vamos a las dos que hoy nos ocupan.

Este edificio del siglo XVI es una reedificación sobre otro existente del siglo XV

La obra fue encargada por Francisco de Solís al maestro cantero Pedro Gómez.La concentración de elementos decorativos en una de las esquinas de la fachada nos da una idea real de la gran extensión. Uno de ellos es el escudo de la familia Solís, compuesto por un sol con cara humana, con 8 rayos mordidos por cabezas de serpiente; otros son: el yelmo, el matacán semicilíndrico, la puerta en arco de medio punto y el alfiz que va enmarcando todo.En la actualidad está habitado por una orden religiosa: los Padres de la Preciosa Sangre, y es sede de la Fundación Gaspar del Búfalo. Cuentan las malas lenguas que el fundador de la familia ganó título de nobleza y dineros a espuertas sirviendo de correveidile de señores de alcurnia, y que el pelotazo mayor lo consiguió al llevar un recado de Cáceres a Valladolid a la Reina Isabel la I de las castellanas, donde le daba cuenta de las traiciones de los nobles de la ciudad en su contra, y que este recorrido lo hizo en una sola jornada,( no sé yo pero distaran cuatrocientos kilómetros hoy en día, pero al lio,) recibiendo como recompensa títulos y terrenos, los cuales empleó en la edificación de la casa familiar, mientras el tío Solís iba acaparando títulos y dineros, casose el buen hombre con una muchacha muy limpia y muy de su casa poco amiga de cotilleos y de muy buena familia de nombre Isabel de Solís y de Ovando, por aquellos tiempos todas se llamaban igual que los maridos, seria para ahorrar tinta,  o eran todos familias entre sí, chica responsable de misa diaria y poco gastosa, era muy de ir a comprar al mercadillo, ( tres bragas un leuro ), tuvieron dos hijos no encuentro los nombres, así que lo llamares X y Z o mejor no les llamaremos de ninguna manera, bueno los llamaremos así.

El mayor de dos los el llamado X era un portento de chico, listo obediente nunca daba disgusto a sus padres, estudioso , cariñoso todo lo que ganaba lo entregaba en la casa, y no se quedaba ni con una peseta para ir a comprar raspaduras de pan de ángel a sus vecinas las monjitas de las claras, que no están lejos de su casa es más, los sábados iba al cine Norba a la sesión de familia que le costaba más barato y allí echaba la tarde, los domingo su padre le daba 5 euros y se iba a tomar una caña a el bar el Pato a la Plaza mayor con una muchacha que le hablaba del llopis Ivorra, guapa muchacha y también muy limpita de familia acomodada, hasta iba a por agua a la fuente del concejo para que la mamá, la señora Isabel cociera los garbanzos, el padre, el tío Solís, que solía frecuentar la taberna del Manso y comerse unas morcillas cocidas especialidad de la casa y juntarse allí con sus amigotes a echar un rato de tertulia y ver en el televisor algún partido de futbol del Real Madrid. Porque lo era, de ese equipo de toda la vida, y unos vinitos y viendo que todos se hacían lenguas de carácter dulce de su hijo, y que nunca daba disgustos en casa, decidió llamar al maestro cantero y modificar el escudo familiar, (Sol con rayos mordidos ocho cabezas de serpientes y yelmo) y esculpir la cara de este en medio de la puerta de entrada, he aquí él es escudo.


Pero ¡ Ay amigos, la felicidad de la familia no podía ser completa, el segundo hijo el llamado Z, mal bicho, siempre guerreando por ahí, andando con muchachas de esas que fuman y trabajan en locales con música y bombillas de color rojo y ligeras de ropa, cuando tenía un rato se iba a la taberna de la “Colora” y se gastaba el dinero en cartas, domino y pistolas de vino, les gustaba correr a los gatos y cazar pajarillos en la ribera del Marco para luego venderlos a los bares, al Leoncio o al Lidia, todos los días el padre andaba a la gresca con el por su comportamiento pero no había forma, ni iba a las escuela. a las Normales, que tenía plaza adjudicada, ni a misa, ni daba los buenos días cuando se encontraba con gente por la calle, fíjense si era malo que hasta iba a comprar a las monjitas raspaduras de dulces y cuando le ponían en el torno el cucurucho los cogía y salía corriendo sin dejar el dinero, al tío Solís y a la señora Isabel, los traía de cabeza y hasta pensaron mandarlo a trabajar a la construcción, con Antonio Población, a ver si así cedían, pero no había maneras, mal bicho vamos, hasta tiraba de las trenzas a las niñas del colegio de las monjitas Trinitarias cuando las sacaban de excursión. Cuando vio la cara de su hermano en el escudo de la familia monto tal bulla que hasta los del barrio judío corrieron a esconderse en sus casas temiendo alguna tragedia, por la intervención del obispo Galarza se llegó al acuerdo que esculpirían también la cara de este hijo, pero que lo colocarían en un costado de la casa, la zona que da al Callejón de la Monja, y como con el otro el maestro cantero reflejo la cara del hijo malvado. Sin se fijan bien en los dos escudos pueden apreciar la cara del bien y del mal.

 

 

 

Esta es la historia real de la casa y de  la familia Solís o del Sol, algunos  dirán que la historia que cuento es pura invención, y que la realidad fue otra, y digo yo ellos que saben y por qué iban a tener razón y no yo, vengan por ahí hombre, dirán que la realidad fue que D. Miguel el de Solís y Ovando, fue virrey de las Indias, que no tuvo dos hijos si no que un hijo y una hija que encargo la construcción de la casa y que murió antes de ocuparla ni siquiera la vio ni él ni su mujer e hijos, dirán que murió cuando se trasladaba de filipinas a Europa y que en los papeles dejo dicho que la familia se trasladara a Cáceres si el moría y que no le hicieron ni puto caso y se volvieron a América, dirán muchas cosas y que, que se creerán solo por haber estudiado cuatro papales viejo, háganme caso a mí, que para eso soy del Llopis Ivorra .En la actualidad la casa del Sol guarda documentación de América y Filipinas, custodiados por los padres de la preciosa sangre.

Casa del Sol

Este Casa es solar primitivo de Pantoja y Alegre, que por matrimonio con Maria de Solís, hermana de Góme de Solís, el que por dudosos méritos, el monarca Enrique IV lo elevo a la dignidad de Maestre de la Orden de Alcántara, y que según nos cuenta don Publio Hurtado, nadie sabe porque motivo ni razón un sobrino de Gome, Francisco de Solís, incluyo la casa entre los bienes de esta familia, más avanzando en el tiempo la historia nos cuenta que:

El tercer y último Marqués de Ovando, llamado Vicente Mariano de Ovando Solís y Pereiro (Cáceres, 1778), era uno de los nobles que estaban al servicio de los hijos del infante don Carlos, a cuya causa se unió y de cuya corte formó parte en distintos países. Esto supuso que tuviese que renunciar a volver a España desde que subió al trono Isabel II, en el año 1833. Italia fue el destino final del marqués, que se casó allí, en 1854, con la noble italiana Benedetta Radicatti Primeglio, hija de unos condes y a quien doblaba la edad. Desde su exilio, Vicente Mariano de Ovando encargó al sacerdote aragonés José Gabás la tarea de administrar sus bienes en Cáceres, entre los que se encontraban la Casa del Sol y la de Vargas Figueroa (dos edificios colindantes y conectados entre sí), de los siglos XV y XVIII respectivamente. El farmacéutico Joaquín Castel Gabás, sobrino de José Gabás, llegó a Cáceres en 1875, animado por su tío, con la intención de abrirse camino en una pequeña y remota ciudad de provincias de menos de catorce mil habitantes como era Cáceres entonces. Tío y sobrino vivían en la Casa del Sol y allí mismo instaló Joaquín una fábrica de gaseosas y sifones, llamada ‘La Extremeña’ (que luego trasladó a las traseras de la plaza Mayor). Fue la primera fábrica de tal índole que hubo en la ciudad (ni Joaquín Castel ni sus herederos fueron propietarios de una fábrica de hielo llamada ‘La Providencia’, aunque se lo adjudiquen desde algunas fuentes), en Italia, Durante su estancia en Italia, el marqués de Ovando entabló amistad con la Congregación de Misioneros de la Preciosa Sangre, fundada a principios del siglo XIX por el beato Gaspar de Búfalo, fallecido en 1837 (antes de que el marqués llegara a Italia). Ovando quedó fascinado ante la magnitud de los milagros atribuidos a Búfalo. Hasta tal punto que, al morir sin descendencia, en 1864, legó la Casa del Sol a los Misioneros de la Preciosa Sangre, con la condición de que establecieran en él una casa residencia para los religiosos de la congregación. Junto al palacio.

(Fuentes Publio Hurtado-Ayuntamiento)

 

Agustin Díaz Fernández

 

 

 

 
 
 

Comentarios


bottom of page