VISITANTES ILUSTRES A LA VILLA CACERENSE
- Llopis Ivorra-AgustinDiaz

- hace 4 días
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VISITANTES ILUSTRES
Cáceres
Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra
De siempre la señorial villa de Cáceres, gozó de las visitas de los más ilustres visitantes, gente de mucho fuste y alcurnia, desde el principio de los tiempos, y también y como no, tuvo por vecinos a gente de más o menos importancia, disculpen que no mencione a ninguno de estos, que de sobra son o eran conocidos por toda la vecindad, pero, ya que estamos, permítanme la licencia de citar algunos personajes anónimos que sin figurar en ninguna enciclopedia , también pusieron son granito de arena para mayor gloria de la villa cacerense.
Recorrían no ha mucho las calles de la ciudad, o se situaban en su sitio preferido a vender su mercancía o salían al paso ofreciéndotela, también los había y creo aun los hay que, no venden nada, solo se placen en pasear o situarse en alguna rotonda con un gran casete al hombro, para mostrar sus artes del bailoteo, al que llaman Pitoño, o como aquel Juan Carabán, que vendían gomas para los tirachinas, el tío Lirio, con su enorme cesto de golosinas, Juanito el “Chochero” y su carrillo de golosinas y cigarrillos a granel, o la tía Pipiagui, que malo si le decías algo al pasar, peor era no hacerlo, Antonio el Nuja, y sus, hoy tumbos, que decía cada vez que había entierro, Chacón bamba, Zacarias, maletero de la estación de autobuses, cantando en voz en grito aquello de Naveira, Naveira, Naveira la mar, el gran Batería, el Nano con sus estampitas, Leopoldo y su bicicleta, Boca tique, los hermanos Margallo, recogedores de colillas y parientes de aquel famoso y valiente general, el Niño de la Pizarra, que se volteaba el pellejo voceando flamenco cabalgando en un carro tirado por mulas, el tío Perrachica y los hermanos Capullo, que repartían el hielo en su carros y sus mulas, grandes personajes muy grandes, ya sé que muchos, muchos se quedan en el olvido de mi memoria, no quisiera olvidarme sin embargo, al gran Manolo Winston, gente corriente, que si ellos la historia de Cáceres, no hubiera sido posible.
Hecho un repaso somero, de nuestra gente, vayamos ahora con gente que vinieron a vernos desde fuera de nuestro territorio, incluso desde la otrora todopoderosa Roma, Por ejemplo:
Julio Cesar:
la antigua Norba, sobrenombre de Caesarina, con que fue conocida, proviene por haber estado en ella el gran emperador romano, y que según los cronistas, se le dio tal nombre para honrar y perpetuar la memoria de su estancia en esta ciudad, datan esta visita de en la segunda vez que llego a la península con el cargo de Pretor de la España Ulterior, ya que durante esta, estuvo guerreando por esta comarca, con los bravos guerreros naturales del Monte Herminius o Sierra de la Estrella, en el año 60 antes de Jesucristo,.
Claro que esto no es verosímil, aunque en aquellos tiempos, muchos municipios y colonias, fusionaron sus antiguos nombres con el del vencedor de los galos, solo por adulación, buscando por este medio la protección del gran triunviro.
Leovigildo:
Siempre de conformidad con el origen Norbense de la villa, también hay que apuntar como huésped a este soberano, la sociedad que regía este ilustre visitante, con su dualismo religioso de gran actividad, determinados por las doctrinas, arrianeras y las pontificales, adueñado del espíritu hispanogótico, contaba a la cabeza con el propio Rey Leovigildo, con mucho arraigo en la sociedad hispano latina, siendo su primer paladín el Príncipe Hermenegildo, hijo primogenitico de Leovigildo, convertido al cristianismo por su esposa Ingunda, secundada por su tío San Leandro, Arzobispo de Sevilla, San Fulgencio, de Écija, Mansona, de Mérida, y algún prelado más de los españoles, tanto fervor religioso llego a exteriorizarse, tanto que llego a surgir la guerra entre padre e hijo. Leovigildo, perdonó en más de una ocasión a su rebelde hijo primogénito, hasta qué, cansado de que volviera a las andadas, mandó fuera degollado.
Los pueblos que le ayudaban, sufrieron las consecuencias de estas agitadoras revueltas, Norba, donde prevalecía el elemento romano y se profesaba la doctrina católica, apostólica, romana, fue una de las poblaciones que sufrieron el tremendo castigo, Leovigildo vino sobre la villa, en el año 582, la tomó a sangre y fuego, y la dejo reducida a una montaña de escombros.
Don Alfonso VII:
Este Rey, en 1142, único soberano de los hispanos, que se titulo emperador, “ya que Carlos V, lo fue por Alemania”, después de haber tomado Coria a los musulmanes, cruzó el Tajo, sitiando Qazrix, como lo denominaba el moro, apoderándose de ella, aunque este hecho de guerra no está nada esclarecido.
Don Fernando II
Este Monarca leones, sitió y reconquisto la villa cacerense, en el otoño de 1169, la que dio a su primo don Pedro Fernández Hurtado, de Fuentecalada, en 1170, heroico cruzado que habia estado guerreando varios años en Palestina, para que fundase en ella, el instituto religioso militar que tenía proyectado, resultando de ello la Congregatio de Cáceres, Orden de Caballería organizada en el propio año de 1170, denominada pasando la historia como Orden de Santiago.
Volvió el moro, a apoderarse de la villa, en 1174, y fue vuelta a conquistar por el mismo monarca leones Fernando II, en 1184, que en esta ocasión contó con la ayuda del Apóstol Santiago, que visiblemente lucho a favor de cristiano,
“Esto lo afirma un conocido escritor, aunque la historia real no cuenta nada de la vuelta a conquistar en 1184, ni de es este suceso”.
Jucef Abu-Ya’Qub
Según nos cuenta el cronista, la llegada de a Cáceres de este temible caudillo musulmán, Emir Al-Mumin, de aquí y de allí más allá del estrecho, y jefe de la raza Almohade, y de tristes recuerdos.
El octubre de 1173, llego antes los muros de la villa cacerense, y le puso sitio, villa desde que hacía tres años fuera la cuna de la Congragatio de Cáceres, por cuyos Fratres o caballeros, gobernada, guardada y defendida la población.
Grande fue la resistencia que opusieron los Fratres al alud arrollador del moro, tanta que llego a ser heroica, pero al ser la guarnición de reducido número, imposible defenderla con garantías con tan pocos efectivos, el moro se apropió de ella en 10 de marzo de 1174.
Cuarenta de los últimos Fratres cacerenses, se hicieron fuertes en la torre denominada de Bujaco, ubicada ésta en la Plaza Mayor, fueron acorralados en ella por el terrible Emir, tomándola al asalto y tocando a degüello, por los que estos últimos cuarenta Fratres. Figuran como mártires en el Santoral Español de las Ordenes Militares.
“El historiador nos cuenta, las fechas de satos sucedidos, cunado en realidad son un año posterior, llego el moro en octubre de 1173, y a conquisto en marzo de 1174, tras cinco meses de asedio, así mismo no buen el temible Emir, Abu-Ya’Qub, el que mandaba las tropas sarracenas, si no el lugarteniente de este Abú-Hafs Umar, y como nada hay claro, dejemos como torre de estos trágicos sucesos la Torre de Bujaco, algún que otro cronista lo ubica en la atalaya, hoy adosada el palacio de Carvajal”.
Don Alfonso IX
Fue, el definitivo conquistador de la villa cacerense, el día 23 del mes de abril de 1229, siendo el auténtico organizador del municipio, al que otorgó el primer fuero, siendo uno de los más liberales y descentralizadores de los conocidos.
Don Alfonso X “el sabio “,
La estancia de este hostigado monarca, del paso por la villa cacerense, consta de una sola Carta Real, dada por el mismo a instancia del Concejo, en Burgos el 22 de noviembre de 1280, dirigida a los entregadores de los pastores de la tierra de León, para que estos hiciesen guardar los cotos que pusiese aquel en la Zafra y la Zafrilla, en la que se lee, : Sepades, que agora, quando yo, vine por Cáceres. pero no se puede decir con exactitud la fecha de la venida, así como tampoco los motivos.
Don Sancho IV, “el Bravo”
También este rey paseo por las calles de Cáceres, pero fue antes de ser coronado, la venida a la villa fue como infante, y poco antes de reinar, año de 1284-
Cáceres como la mayoría de las ciudades y villas del reino, harta y cansada de la desastrosa administración del autor de las partidas, se afilió al partido de don Sancho, en el que también figuraba el Maestre de la Orden de Alcántara, de gran influencia en la villa cacerense, pero el Pontifica Martino V, hizo que el Maestre se alejara del bando del Infante, y prestase obediencia a su padre, al llegar la notica a don Sancho, de que el Concejo sin la presión del Maestre, estaba propicio a volver a la gracia Real, vino de Talavera de la Reina, donde se encontraba en 1284, e intrigando, amenazando y prometiendo, consiguió que la villa permaneciese fiel a él.
Don Alfonso XI
Este inconstante monarca, en 1335, venia capitaneando sus tropas contra el de Portugal, y tras haber depuesto de su cargo al Maestre de la Orden de Alcántara, don Ruy Pérez Maldonado, en la ciudad de Trujillo, vino a Cáceres, aprovechando la presencia del Abad de Morimundo, que venía este visitando los conventos de la Orden del Cister, Orden a la que pertenecía la militar de Alcántara, hizo elegir Maestre de ella , en la Iglesia de la Magdalena “adosada al Alcázar, y edificada a fines del siglo XIII, por el Maestre de a Orden de Alcántara don Fernán Pérez Gallego” a su despensero mayor y favorito Gonzalo Martines de Oviedo.
Tres años después volvió a la villa cacerense, don Alonso, venia en persecución de su antiguo privado, al que sitio en el castillo de Valencia de Alcántara, al que mandó degollar así se le entrego, la embestida irresistible de las intrigas palaciegas, y por el enorme delito de haber hablado con poco respeto de la manceba Real, doña Leonor de Guzmán.

Don Pedro I “el Cruel”
Hasta en dos ocasiones vino de visita a la villa de Cáceres, el vengativo monarca.
La primera en 1353, persiguiendo al que otrora fuera su favorito don Juan Alfonso de Alburquerque, contra el cual se había levantaba en armas en los castillos de Medellín y Alburquerque y la Codosera, la segunda visita, la hizo en 1367, a que los caballeros Giles, que tenían el Alcázar cacerense, en rehenes, hasta que se decidiese la contumaz contienda mantenida por el Rey y su hermano el Conde de Trastámara, le entregasen la fortaleza, y por haberse negado a ello, los mandó degollar.
Don Juan II
Las continuas revueltas de los integrantes Infantes de Aragón, quienes se habían apoderado de varias villas extremeñas, obligaron al monarca don Juan II, a la avenida de Cáceres, de paso para Alburquerque, donde se habían hecho fuerte a finales del mes de diciembre de 1429.
Junto a él venia el privado don Álvaro de Luna, cuyo ascendiente en el Real ánimo era el principal motivo de la enemiga de los infantes, pero la expedición resultó baldia, ni consiguió que se rindiesen la plaza, desde la que lo insultaron grandemente los sitiados, ni aminoro el vendaval de rebelión que se había extendido por la comarca.
Los Reyes Católicos.
Posesionada la ilustre doña Isabel de la corona del reino, emprendió la difícil tarea, que llevo a buen fin, de apaciguar sus reinos y organizar la administración municipal de sus esquilmados pueblos,
La villa de Cáceres, fue una a las que dedico sus primeros cuidados, donde vino el 8 de mayo de 1477, y dispuso e hizo la organización del concejil. El 27 de febrero de 1479, doña Isabel en compañía de su esposo don Fernando, volvió a Cáceres después de haber celebrado en Trujillo las exequias por el alma del rey de Aragón, venia de paso para la frontera con Portugal, donde también debida concurrir la Infanta doña Beatriz de Portugal, su tía, para concertar el modo de poner fin a la dilatada lucha de castellanos y lusitanos, con ocasión de la sucesión a la corona de España, cuyo entrevista no se llego a celebrar, marchando la pareja Real de Cáceres a Trujillo el 22 de marzo.
En 7 de mayo, estaban de nuevo lo regia pareja, en la villa cacerense, donde en esta misma fecha, autorizaron las ordenanzas a las que se debía acomodar el aprovechamiento de las dehesas de Concejo, denominadas de Zafra y Zafrilla.
De vuelta nuevamente a Trujillo, donde se estuvieron hasta el 5 de junio en que don Fernando marchó hacia Guadalupe, volviendo doña Isabel a Cáceres y siguiendo la ruta de Alcántara, a las vistas concertadas, después de haber otorgado muchos privilegios a la villa de Cáceres.
El 7 de enero de 1500, el católico Rey, ya viudo, llegó a Cáceres, camino de Salamanca, y aunque nada más permaneció un día en la villa, no lo desaprovechó, ya que, al presentárseles los caballeros de su vecindario, los animó a tomar parte en la jornada que a modo de cruzada preparaba el Cardenal don Pedro González de Mendoza, contra los árabes de las costas africanas, a las cuales quedaron obligados los invitados.
Don Felipe II “el Prudente”
Volviendo de Portugal, tras haber tomado posesión de este reino, entró ese poderoso monarca a la villa de Cáceres, en la tarde del miércoles 9 de marzo de 1583, partiendo para ello desde la casa de la Enjarada, donde había pernotado la noche anterior.
Estuvo en Cáceres, el jueves y el viernes por la mañana partió hacia Torremocha, y desde allí por Trujillo, hacia Guadalupe.
Don Felipe V.
Surgió la guerra de sucesión en que este príncipe francés, disputo la corona de España al Archiduque don Carlos de Austria, a quien sostenían Inglaterra y Portugal.
El año 1704, con la contienda armada en pleno apogeo, y don Felipe, que habían reconocido por Rey de España, la mayor parte de las ciudades y pueblos, quiso ponerse al frente del ejercito que operaba en la frontera portuguesa.
En fecha de 15 de marzo, tuvo noticias el Corregidor, de que el soberano se encontraba en Casatejada, y que se proponía venir a Cáceres.
El 24 del propio mes, llegó carta del doctoral de la Catedral de Plasencia don Lucas Conejero, natural de Cáceres y que llego a ser arzobispo de Burgos, participando que el Rey, habia llegado a aquella ciudad, y el 15 de abril recibió otra carta, anunciando que quizás vendría a Cáceres,
En sesión de 30 de junio se expuso la probabilidad de que al regresar a Madrid, desde el ejército, tal vez pasase por la villa cacerense.
Don Alfonso XII “el Pacificador,
Al contrario de los demás monarcas, que vinieron a Cáceres por motivos de guerras y contiendas, don Alfonso XII, rompiendo la tradición encarnizada, vino a la villa cacerense, a inaugurar una obra de progreso, de paz, de fraternidad, entre los dos pueblos iberos de la península, tal fue el ferrocarril.
El día 8 de octubre de 1881, acompañado del Rey de Portugal, don Luis I, se realizó tan solemne acto, al que concurriendo, escogidos representaciones de la nobleza, la política, las finanzas y la literatura de ambos países.
Don Luis I de Portugal.
Concurrió este Portugués Rey, a la inauguración de la línea de ferrocarril Madrid-Cáceres-Portugal, junto con el Español Rey don Alfonso XII.
Don Alfonso XIII.
Andaba este monarca, con deseos de conocer toda las comarcas y pueblos de sus estados, hizo que viniese a Cáceres, llegó el día 25 de abril de 1905, fue recibido en multitud, vítores y aplausos y aclamaciones.
(Fuente Floriano Cumbreño-Historia)
(Fuentes Publio Hurtado-Familias Cacerenses)
(Fuentes Biografías)

Agustín Díaz Fernández





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